RESEÑA: “Narco América: de Los Andes a Manhattan, 55 Mil Kilómetros Tras El Rastro de la Cocaína”, de Alejandra Inzunza, José Luis Pardo y Pablo Ferri

Es curioso como en la industria del cine y la televisión, en la mayoría de las historias que tratan el mundo de las drogas, todas giran alrededor de los grandes narcos, sus vidas, sus logros y sus miserias. Traffic, El Precio del Poder, Blow, American Gangster, Miami Vice, Breaking Bad, Narcos… todas ellas giran alrededor de quien controla la producción y quién se hincha a ganar dinero: que si Tony Montana, que si Frank Lucas, que si Walter White, que si Pablo Escobar… Y sin embargo, en ninguna de estas producciones se hace mención (o en todo caso un poco por encima y de pasada) a las víctimas de los cárteles, los porteadores, las mulas, los agricultores que cultivan la coca o los que se encargan de mezclar y machacar la pasta base.

Por eso es bueno que libros como “Narco América: de Los Andes a Manhattan, 55 Mil Kilómetros Tras El Rastro de la Cocaína” pongan de relieve estos temas, y haga un repaso por todos aquellos lugares donde la droga ha arrasado y dejado un huella de podredumbre y caos, y contar las historias de sus protagonistas.

El libro, escrito a seis manos por los periodistas Alejandra Inzunza, José Luis Pardo y Pablo Ferri, relata sus vivencias tras un viaje de dos años recorriendo América Latina de norte a sur y de este a oeste, rastreando las rutas de la droga, indagando en quienes son los que se benefician de este negocio y recogiendo los testimonios de los protagonistas de dichas historias.

En “Narco América: de Los Andes a Manhattan, 55 Mil Kilómetros Tras El Rastro de la Cocaína”, las historias y vivencias son numerosas, a cada cual más sorprendente, más escalofriante, más terrible.

En su paso por Panamá, en el archipiélago de San Blas, expondrán como los narcos transportan la mercancía en potentes lanchas acuáticas, atravesando cientos de islas, y entregando unos pocos fardos coca a los nativos de las islas a cambio de información sobre los controles marítimos del gobierno. Coca, que a su vez es vendida en pequeñas cantidades a los turistas que visitan las islas en busca de parajes naturales.

En su paso por Honduras serán invitados por el jefe de una prisión para que puedan conocerla por dentro, pero sin garantías de que puedan salir de ella con vida.

En las favelas de Rio de Janeiro, narrarán las experiencias de los consumidores de drogas que se arremolina alrededor de las bocas de fumo, puntos de encuentro (ya sea en la calle o en edificios abandonados) donde se venden todo tipo de drogas y de la vida de los narcotraficantes que las suministran y que pasean armados y a la luz del día por los barrios.

En Honduras acompañarán al inspector de policía de San Pedro Sula en su día a día, y constatarán cómo la violencia de las bandas que luchan por el control del territorio es el pan de cada día, y como el cuerpo de policía se ve impotente y sobrepasado por las circunstancias, ante la escasez de medios y de financiación.

En su viaje a la frontera de Texas con México, expondrán cómo la corrupción se ha extendido por los condados fronterizos del lado Norteamericano. De cómo el dinero de la droga ha corrompido a los sheriffs, a la policía local e incluso a políticos, y de cómo los narcos pasan la droga cruzando el Rio Bravo.

En Estados Unidos, en Nueva York, se entrevistarán con miembros de la Harm Reduction Educators, organización dedicada a la reducción de daños por las drogas, que les explicarán la situación actual de los consumidores de heroína y el aumento de muertes causadas por el abuso de dicha droga en el año 2012.

Todas estas historias y muchas más componen “Narco América: de Los Andes a Manhattan, 55 Mil Kilómetros Tras El Rastro de la Cocaína”. Todas reales y autenticas. Una radiografía del negocio del tráfico de drogas, desde los escalones más bajos (los agricultores, los trabajadores de las pozas de maceración, las mulas) hasta los más altos (los grandes narcotraficantes, sus abogados, los asesores financieros encargados de lavar el dinero).

Un libro crudo, amargo y turbio, pero que merece la pena leer.

PD: Y la semana que viene nuevo relato: Ruta Suicida. ¡No os lo perdáis!

 

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