RESEÑA: “El fuego Invisible”, de Javier Sierra

Tercer intento y tercera decepción que me he llevado al leer al ganador del Premio Planeta. La primera vez fue con La fortuna de Matilda Turpin de Álvaro Pombo, y la segunda con Villa Diamante de Boris Izaquirre.

¿Y por qué darle una tercera oportunidad al ganador de este año del Premio Planeta, Javier Sierra, por su libro El Fuego Invisible?

Quizá fuera porque la temática me pareció atractiva (un club secreto en busca del santo grial).

O por descubrir qué cualidades tiene de especial dicha novela como para ganar tan suculento premio (poca broma; seiscientos un mil euros para el ganador y ciento cincuenta mil doscientos cincuentas euros para la novela finalista. El sueño de todo escritor novel… y de todos los escritores en general).

O simplemente, para ver si el conocido dicho de “a la tercera va la vencida” se cumple esta vez.

El argumento gira alrededor de lingüista español y afincado en Dublín, David Salas, que a instancias de su jefa y de su madre (que parece ser que es la que ha movido los hilos para buscarle la plaza en la Trinity College), le envían de vuelta a España, a Madrid concretamente, para que hacerse con un viejo libro en manos de un coleccionista, el Primus Calamus.

Sin embargo, la trama se complica cuando a su llegada a Madrid, se cruza con una joven, Pau, que le pide concertar un encuentro entre él y Victoria Goodman, una anciana escritora de novelas de misterio y que fue amiga de su difunto abuelo.

A regañadientes, David acepta la invitación. En su encuentro, Victoria le habla de una sociedad secreta amante de las letras, La Montaña Solitaria, y le presenta a sus integrantes; Luis Bello, un refinado director de orquesta; Johnny, un joven superdotado y experto informático; Ches, una inteligente estudiante de arte (¿era de arte? No estoy seguro); y por último, la propia Pau.

Victoria le explicara que el cometido de esa sociedad secreta es, en parte, la investigación del origen de las palabras, y por otro lado, la investigación de la leyenda del Grial, que según sus sospechas se remontan a antes del siglo XII, cuando se tiene constancia de su existencia en códices y textos medievales.

Y hasta aquí voy a contar, no es plan de destripar todo el libro.

El libro, sigue la estela de éxitos al estilo de El Código Da Vinci; secretos y misterios históricos; la búsqueda de antiguas reliquias; agentes contrarios al descubrimiento de la verdad; acertijos y misterios repartidos por los diferentes lugares que visitan… En esencia, el libro sigue estos patrones… más o menos. Quizá, lo que más llama la atención, es el paralelismo que hace el autor entre de la búsqueda del Grial por parte de los personajes, con la búsqueda de la inspiración, iluminación o las musas que todo autor (escritor, pintor, compositor, lo que sea) anhela cuando intenta pergeñar su obra.

Y ya está, eso es lo único curioso de la novela. El resto, anodino y genérico.

El protagonista, plano y sin interés. El resto de los personajes, a pesar de las casi quinientas hojas que tiene la novela, apenas están perfilados.

La trama fluye a trompicones. Hay un exceso de descripciones e información del contexto histórico-cultural de los sitios que visitaban. Sin embargo, lo que son los acontecimientos de la novela, pasan muy rápido, y a decir verdad, no demasiadas cosas. Da la sensación de que el paso de los personajes por la trama es meramente circunstancial. En ningún momento sentí que fueran sus acciones o intervenciones lo que hacía avanzar la trama. Me llamó la atención (para mal) que llegado el momento, dos de los cinco personajes principales que intervienen en la novela, desaparecieran por completo en el tramo final de la novela, como si el autor no supiese que hacer con ellos y olvidándose de darles algún papel de cara a la recta final del libro.

El libro me ha dejado tan poco poso, que me está costando horrores recordar los detalles de la trama como para poder hacer la reseña. Y eso que la leí hace apenas una semana.

Con este decepcionante tercer intento a los Premios Planeta, veo difícil que le de otro el año que viene.

PD: Lo dicho que he fracasado intentando discernir el motivo por el cual ha ganado el premio. Quizá tenga que llamar a los agentes Mulder y Scully para que me ayuden con el misterio. O mejor aún, a Iker Jiménez.

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